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Corona Divina Misericordia
El Papa Juan Pablo II fue un fiel devoto de la Divina Misericordia. El Obispo Camilo Ruini decía al hablar de la devoción del Papa, que: La Divina Misericordia fue el centro de su espiritualidad y de su vida: de Ella aprendió a vencer el mal con el bien. Es pues una devoción que si deseas aprender puedes referirte a los enlaces siguientes.
Sacado del diario de la Beata María Faustina Kowalska: “Alienta a las personas a decir la Coronilla que te he dado… Quien la recite recibirá gran misericordia a la hora de la muerte. Los sacerdotes la recomendaran a los pecadores como su último refugio de salvación. Aun si el pecador mas empedernido hubiese recitado esta Coronilla al menos una vez, recibirá la gracia de Mi infinita Misericordia. Deseo conceder gracias inimaginables a aquellos que confían en Mi Misericordia.”
Para leer o escuchar este Rosario y las oraciones haz clic en los enlaces siguientes:
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¿Cómo Rezar La Corona Divina Misericordia?
Para rezar la Corona utilizamos un Rosario común. Al igual que El Rosario, nos hacemos la señal de la cruz y nos santiguamos para comenzar. Luego decimos un Padre Nuestro, una Avemaría y el Credo.
Sugerimos decir la siguiente oración antes de iniciar el rosario:
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“Falleciste Jesús pero el manantial de la vida brotó para las almas y se abrió el océano de tu infinita misericordia para el mundo entero, o fuente de vida insondable misericordia de Dios envuelve el mundo entero y viértete sobre nosotros”.
Cada decena la iniciamos con la siguiente oración en cada “cuenta sola” o “cuenta grande”.
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“Padre Eterno, yo te ofrezco el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu Amadísimo Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, para el perdón de nuestros pecados y los del mundo entero”.
En cada unidad o “cuentas pequeñas” decimos:
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“Por Su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero”.
Al finalizar las cinco decenas de la Coronilla diremos tres veces:
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“Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero.”
Se sugiere que antes de santiguarnos recemos como oración final, la siguiente:
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“Oh Dios, cuya Misericordia es infinita y cuyos tesoros de compasión no tienen límites, míranos con Tu favor y aumenta Tu Misericordia dentro de nosotros, para que en nuestras grandes ansiedades no desesperemos, sino que siempre, con gran confianza, nos conformemos con Tu Santa Voluntad, la cual es idéntica con Tu Misericordia, por Nuestro Señor Jesucristo, Rey de Misericordia, quien con Vos y el Espíritu Santo manifiesta Misericordia hacia nosotros por siempre. Amén”.
Para terminar rezamos: El Credo y una Salve; para después santiguamos de despedida.
Ver también: Devoción a la Divina Misericordia



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